¡Despierta, Triste Pecador!
¡Despierta! Triste pecador, ¡oye, sí; oye, sí! Porque te dice El Salvador: “¡Ven a Mí; ven a Mí!"
"A tu penoso trabajar preparo Dulce Bienestar, en donde puedas descansar: ¡Oye, sí: Ven a Mí!”
“Yo Soy La Fuente del Perdón; ¡oye, sí; oye, sí! En mí hay Vida y Salvación; ¡ven a Mí; ven a Mí!"
"Si del castigo huyendo vas, en Mí, Refugio hallarás, y Vida Eterna gozarás: ¡oye, sí: Ven a Mí!”
“Los que me buscan con afán; ¡oye, sí; oye, sí! Jamás desatendidos van; ¡ven a Mí; ven a Mí!”
La Compasión del Redentor, te dice, pobre pecador, admíteme por tu Pastor; “¡oye, sí: Ven a Mí!”
“Si quieres la felicidad, ¡oye, sí; oye, sí! Si buscas paz, tranquilidad, ¡ven a Mí; ven a Mí!"
"Tus lágrimas enjugaré y tus heridas sanaré, La Vida Eterna te daré, ¡oye, sí: Ven a Mí!”